Hermosillo, Sonora.- Domitila Molina, de la etnia Yaqui, afirma que el agua es la madre de la tierra, y la tierra es el sustento de los pueblos de Sonora. El recurso ha sido violentado en numerosas ocasiones, pero hay una invasión de la que poco se habla, un elemento extranjero que se instaló en la región sonorense para arrasar no solo con su naturaleza, sino también con parte de su cultura.

Catalogado como un invasor, que incluso llega a provocar incendios como una estrategia de supevivencia, el zacate buffel “pide ser quemado” para poner en riesgo a las plantas nativas de la zona, pues tiene la garantía de que el fuego no será un obstáculo para seguirse expandiendo.

Este enemigo de la naturaleza sonorense, llegó a la región hace cerca de 60 años como parte de un plan para la crianza de ganado. Quienes lo trajeron pensaron en las ventajas de su resistencia, pero no consideraron que esto lo convertiría en una planta invasora que sobrepasaría el campo para llegar a cada rincón de las ciudades, incluso hasta Arizona.

Las armas del buffel

Su control es complicado y requiere de conocimiento, disciplina y tenacidad. Y si alguien, ha cumplido con esas características, estas corresponden a la ingeniera forestal Ana Eglis Molina, especialista que conoce tan bien a este enemigo que ha sabido darle una pelea a su altura.

El buffel se introdujo al Estado para ver el mejoramiento de la calidad del producto que le daban a consumir al ganado. Vieron que era una especie de muy fácil reproducción, y que aprovechaba la más mínima gota de agua, comentó para La Volanta.

Los ganaderos de la época tampoco consideraron que si algo hay en Sonora, es un fuerte Sol, el buffel responde muy bien al calor. Además, su germoplasma tiene una semilla muy abundante.

Cuando se quema una parcela, explicó, el zacate buffel germina y reverdece, eliminando a las especies que hay en el lugar.  Sus tácticas de sobrevivencia han hecho que su adaptación sea tan rápida que le ha ganado un importante espacio a las especies nativas. Es invasora, aseveró, su agresividad tiene respaldo científico.

¿De qué forma es agresivo? Además de que sobrevive con las mínimas condiciones, las raíces del zacate buffel arropan a las otras especies hasta estrangularlas, haciendo así que la fauna regional pierda terreno y desaparezca.

Una victoria de mujeres

Conocer al enemigo, es el primer paso para vencerlo. Ante esto, la fauna local no está del todo desprotegida, pues a nivel nacional México firmó un tratado por medio de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) para controlar a todas las especies invasoras, entre ellas el buffel.

Esto permite que podamos proteger las especies propias de la región. Por ser tan agresivo, su control es difícil y su erradicación, también. Pero sí es posible, y se puede hacer, aunque lleva años de trabajo, afirmó.

Ana habla de esto con conocimiento de causa. La primera batalla se dio en 2012, cuando ella, acompañada de un grupo de mujeres indígenas del Sur del Estado, defendió la soberanía de su territorio, lugar de tradiciones de las etnias Yaqui y Mayo.

En esta lucha se unió la fuerza de las guerreras sonorenses, y la tenacidad de Ana Eglis Molina, venezolana que comparte con sus congéneres una resistencia mucho mayor a la invasión del buffel.

*Nota: Este artículo corresponde a la primera de dos partes del especial sobre zacate buffel en La Volanta.

Deja un comentario